Como madre,
¿Sientes una gran autoexigencia y carga mental ante tantas responsabilidades?

Si has llegado hasta aquí, es porque te encuentras saturada ante la inercia del día a día, sosteniendo mucho peso, y con una autoexigencia que no te deja descansar. A lo largo de estas líneas, realizaré un recorrido por lo que puedes estar viviendo al llevar tanta carga, sin un sostén firme en el que apoyarte.

También te proporcionaré algunas claves que te ayuden a llevar esta situación con más calma y equilibrio.

ENTREGARTE A LOS TUYOS SIN PENSAR EN TUS NECESIDADES

Como madre, no ves el descanso como un derecho, sino como un riesgo a que tu familia pueda quedar desatendida.

Puedes pensar que, si tuvieras mayor red de apoyo, no tendrías que sostenerlo todo sola, sin embargo, esto puede ser una trampa para seguir ocupándote tú de todo. Cuando no tomas tiempo personal de calidad para ti y te descuidas, la consecuencia directa es que estás casi siempre agotada y al límite. Lo peor es que si dejas tus necesidades en último lugar, tu familia corre el peligro de que el pilar más fuerte se rompa.

¿Recuerdas cuándo fue el último momento de silencio y en calma que tuviste contigo misma?

Soltar la necesidad de llegar a todo, crea el espacio para dejar que otros también sostengan.

A veces, hay una voz interna que te dice: “no has hecho suficiente” y es que tu mente, está en una inercia de autoexigencia imparable. Si te sientes mal contigo misma por tomarte un espacio aun habiendo cosas pendientes que hacer, seguro que sabes de lo que estoy hablando. Aprender a darte el reconocimiento que mereces, es vital para rebajar la autoexigencia.

La falta de tiempo te impide llegar a todo y puede que el único ratito que tienes para parar un poco, es cuando todos duermen. Día tras día, sin tiempo de descanso de calidad, supone otra carga invisible añadida a las responsabilidades habituales que ya tienes. Puedes haber normalizado vivir agotada y, lamentablemente, sin ningún tipo de reconocimiento por parte de los tuyos (de reconocimiento social ni hablamos).

Sea cual sea la situación, la realidad es que estás agotada física y mentalmente y no logras relajarte. Es completamente natural sentirte así cuando la falta de tiempo te impide llegar a todo.

¿CÓMO DEJAR DE SER LA MADRE PERFECTA Y EMPEZAR A SER UNA MADRE REAL?

TUS SENTIMIENTOS NO TIENEN QUE SER UNA EXPLICACIÓN MATEMÁTICA.

Tienes derecho a decir que no te apetece hacer algo sin tener una excusa lógica de peso. Si dices “no quiero”, es una razón completa en sí misma. No necesitas un informe pericial para validar tus deseos.

NO TIENES QUE TENER RESPUESTA PARA TODO.

Como madre, has podido sentir que se espera que tú decidas casi todo: qué se come, qué se compra o qué plan se hace el domingo. Te animo a que delegues la toma de decisiones. Tienes derecho a decir “no sé dónde están tus calcetines” o “no me importa qué vamos a cenar, decididlo vosotros”. Quitarte la obligación de saberlo todo y delegar decisiones, te libera mucho espacio mental.

TU VALOR COMO PERSONA NO DEPENDE DE TU EFICIENCIA COMO MADRE.

No tienes que ser buena y servicial en todo momento. Tienes derecho a equivocarte (olvidarte una cita médica, por ejemplo) y seguir siendo una persona válida. Cuando cometas un error, en lugar de dejarte inundar por la culpa, puedes decir: “me he equivocado, veré como lo arreglo”. Si tratas el error como algo normal, le quitas peso para ti y para los que te rodean.

SEPARA LO QUE HACES DE LO QUE ERES.

Que no hayas podido hacer todo lo que “deberías” en un día, no te hace una madre insuficiente, te hace una madre humana con límites físicos. Por ello, te invito a que no midas tu valía desde el punto de vista de la productividad.

PUEDES TOMAR DECISIONES AUNQUE LOS DEMÁS NO ESTÉN DE ACUERDO.

Te has podido ver en la situación de no hacer algo (como apuntarte a una formación o salir una tarde) porque sabes que a tu entorno le va a sentar mal. No necesitas que los demás estén de acuerdo para que tú tengas el derecho a hacer algo. Puedes hacerlo aunque eso cause una pequeña fricción. Tu bienestar no depende del estado de ánimo de los que te rodean.

LA DIFERENCIA ENTRE AUTOEXIGENCIA Y APRENDIZAJE.

La autoexigencia no es una virtud, es un mecanismo de control que usas para tratar de sentirte segura. La realidad es que, si dejas de intentar que todo salga perfecto, no eres peor madre: simplemente eres más real. Puedes enfocarte en el crecimiento y preguntarte “¿Cómo puedo mejorar?”, sin que sea perfecto y sin colocarte a ti misma un ideal inalcanzable al que no es necesario llegar para ser una madre profundamente válida.

LOS LÍMITES NO SON MUROS, SON PUERTAS.

Tu agotamiento extremo puede venir por falta de límites. La sensación de estar “quemada” aparece cuando dices “sí” (para evitar conflictos), cuando en realidad quieres decir “no”. Enseña a los demás cómo tratarte. Marcar una línea clara ayuda a tu pareja o a tus hijos a que sepan qué esperar de ti. Para poner un límite que funcione, tiene que ser corto y directo, sin entrar en explicaciones. No te justifiques; puedes decir: “Hoy no puedo encargarme de esto”.

EL CAMBIO DE MIRADA: SOSTENERTE A TI MISMA MEJOR

  • EL DESCANSO REAL NO ES DORMIR, ES APAGAR LA ANTENA El agotamiento físico y mental es por hipervigilancia. Si tienes “la antena” siempre encendida, incluso cuando estás a solas, tu mente está repasando constantemente las tareas pendientes: ¿necesitará algo mi hijo? ¿qué pensará mi pareja?
  • FALTA DE ILUSIONES PROPIAS Tras una crisis o años de maternidad, es importante volver a dar vida a tus viejos sueños, tus gustos y tu risa. No busques fuera lo que te falta, busca en tu pasado qué es eso que dejaste de hacer y te conectaba con su esencia. Ahí está parte de tu energía.
  • TU INTUICIÓN SABE MÁS QUE TU LÓGICA Tu brújula interna, es esa voz bajita que te dice qué camino tomar. Escucha las sensaciones de tu cuerpo. Tu intuición nunca se equivoca aunque a veces dé miedo seguirla.
  • EL AMOR REAL INCLUYE DÍAS MALOS Y CRISIS Una crisis de pareja no es el fin. A veces, para que la relación crezca y madure, hay que dejar que la versión antigua muera. El amor duradero pasa por abrazar los miedos y defectos del otro (y también los propios).
  • SI PUEDES REIRTE DEL DRAMA, YA HAS GANADO Cuando todo se ponga feo en casa, busca la parte ridícula de la situación. El humor te devuelve la perspectiva y te ayuda a conectar con tu chispa y a quitarle poder al miedo.
  • TU CUERPO ES UN VEHÍCULO, NO UNA DECORACIÓN Nos han enseñado a juzgar nuestro cuerpo por si es bonito o joven. Recupera tu propio enfoque y mira tu cuerpo como un aliado que siente, que tiene fuerza y que te da señales de tus necesidades. No tienes que encajar en un pantalón: tu cuerpo es tu territorio, no un objeto de examen.

EJERCICIO SENCILLO PARA EMPEZAR A PRACTICAR LA ASERTIVIDAD

La técnica del disco rayado: “La semana del NO”

Recuerda que decir “no quiero”, es una respuesta completa en sí misma. Este ejercicio es fácil de aplicar, y te ayuda a ser asertiva cuidando de tus necesidades. Elige una cosa al día a la que quieras decir que no (una invitación, una tarea que te pesa, un favor que no quieres hacer, etc). Repite las veces que sea necesario, sin entrar en explicaciones, usando la técnica del “disco rayado”. Te dejo algunos ejemplos:

  • “Entiendo que te gustaría que fuera, pero hoy no voy a ir”
  • "Entiendo que no lo encuentras, pero hoy no voy a encargarme de buscarlo yo"
  • "Te agradezco que me invites, pero esta semana no me voy a comprometer a nada más"
  • "Sé que lo dices con buena intención, pero he decidido que hoy lo vamos a hacer de esta manera"
  • "Entiendo que quieres que te ayude ahora, pero en este momento estoy descansando y no voy a ir"

Sé que todo esto es muchísimo más fácil explicarlo que hacerlo, por eso si te quedas atascada y no sabes cómo empezar, busca la ayuda profesional que mereces. Y si deseas que sea yo quien te acompañe, puedes contactar conmigo:

  • Te ayudaré a identificar la raíz de tu autoexigencia, para que puedas empezar a soltar la carga.
  • Te acompañaré a gestionar emociones difíciles, como la culpa por no llegar a todo.
  • Trabajaremos para cambiar creencias limitantes como: “si no lo hago yo, no lo hace nadie”.
  • Daremos voz a tu propia historia, identificando cuáles son tus necesidades reales.
  • Descubrirás que tus hijos no necesitan una madre que llegue a todo, sino una madre que esté emocionalmente disponible.

Ya he ayudado a otras madres que, como tú, estaban agobiadas ante la exigencia de sus responsabilidades, y han podido experimentar un cambio real en su estabilidad emocional, en su paz mental y en las que, por lo tanto, su vida ha mejorado. Tú también puedes hacerlo. Porque vivir la maternidad desde la calma, y no desde la supervivencia, SÍ es posible.

Si esta información te ha sido útil, te invito a que la compartas con otras madres a las que creas que les puede ayudar. Seguro que te lo agradecerán.

Y recuerda: No tienes que aprender a “poder con más”, sino aprender a soltar lo que no te toca cargar.